-Otra puerta mas- me susurre a mi mismo. Estaba harto de abrir y cerrar las puertas, sin embargo lo seguía haciendo, la intriga me superaba. Intentaba no causar desorden en ese lugar. Cerraba las puertas cuidadosamente, con el fin de que nadie notara mi presencia.
De pronto me vi caminando en una gran sala. De paredes moradas y anchas columnas blancas. Gire hacia la pared, un enorme cuadro llamaba mi atención. Me acerque a apreciarlo. Durante un largo tiempo observe cada detalle. No note la entrada del quien seria mi anfitrión esa tarde.
Me di vuelta para seguir mi recorrido, y fue en ese momento que lo vi, cómodamente sentado en el sillón. No podía creerlo. Ni el ni yo hablabamos, solamente nos examinabamos mutuamente, eramos seres extraños el uno para el otro.

-Nunca me hubiese imaginado un sapo con galera sentado en el sillón- dije.
- De hecho es lo que estas haciendo en este preciso momento- respondió.
- Entonces te estoy imaginando mas extraño de lo que pensaba, además de llevar galera y estar sentado en un sillón, tienes la bendita habilidad de hablar-.

Fue entonces cuando desperté. No podía dejar de pensar en el sapo. No podía perdonarme el hecho de despertar habiendo tantas preguntas para hacerle a mi primera fantasía parlante.